El gran enemigo silencioso del asesor fiscal: la interrupción constante
La realidad del despacho: trabajo técnico + trabajo fragmentado
En una asesoría, el trabajo técnico exige continuidad mental: revisar un criterio, cruzar datos, cerrar una liquidación, preparar una respuesta sólida… Todo eso necesita hilo.
Pero el día real suele ser otra cosa: correo + WhatsApp + llamadas + avisos internos + “¿tienes un minuto?” + documentos que llegan tarde.
El problema no es que “te interrumpan”. El problema es que tu trabajo se convierte en reorientarte.
Por qué las interrupciones son tan caras (aunque duren poco)
Hay investigación sobre trabajo de oficina que resume bien el fenómeno: tras una interrupción, volver al contexto original tiene un coste de “reorientación”. Un paper de Microsoft Research cita estudios que sitúan la vuelta al foco en torno a 23 minutos de media. (Microsoft)
Y ojo: no hace falta una interrupción larga para que haya daño. En un artículo divulgativo (con referencia a investigación experimental) se menciona que interrupciones de pocos segundos se asocian con aumento de errores en lo que estabas haciendo. (Emprendedores)
Traducción a asesoría:
- Más interrupción = más probabilidades de cometer un fallo tonto
- Más fallos = más repaso
- Más repaso = más horas no cobradas
- Más horas no cobradas = menos margen
El “efecto cadena”: cuando una interrupción genera 5 más
Lo típico es que la interrupción no sea solo una:
- Respondes un WhatsApp.
- Ya que estás miras el correo.
- Aparece un “solo un momento”.
- Te piden un archivo.
- Y cuando vuelves… ya no recuerdas exactamente por dónde ibas.
En estudios sobre trabajo del conocimiento se ha observado que las comunicaciones del trabajo (email, interacciones informales) pueden ocupar una parte importante del día y representan una porción relevante de interrupciones. (Microsoft)
Cómo afecta al equipo (y por qué se vuelve cultural)
En despacho, lo peligroso es cuando la interrupción se normaliza como cultura:
- “Si no respondes en 2 minutos, estás fallando”
- “Todo es urgente”
- “La prioridad es apagar el fuego del que grita más fuerte”
Eso desgasta, porque el trabajo técnico se convierte en trabajo reactivo. Y cuando el despacho vive reactivo, la calidad baja, el equipo se frustra y el margen se va por el desagüe.
Tres cambios pequeños que suelen funcionar (sin postureo)
No es “comprar un software mágico”. Es poner reglas operativas.
1) Ventanas de comunicación (no comunicación permanente)
En vez de “contestar cuando entra”, define 2–3 momentos al día para: correos, WhatsApp y llamadas no urgentes. La idea no es desaparecer: es evitar que cada notificación te cambie el contexto mental. (Pymes y Autónomos)
2) Un canal principal (y el resto, secundarios)
Si el cliente puede mandarte lo mismo por 4 vías, tú lo sufres por 8. Un patrón que mejora mucho es definir un canal “oficial” de entrada; el resto se reconduce.
3) Definir “qué es urgente” (de verdad)
En asesoría, urgente es un vencimiento hoy o una incidencia crítica. No urgente es “una duda rápida”. Cuando el despacho separa esto, el foco vuelve.
La interrupción constante te roba lo más caro de una asesoría: capacidad técnica sostenida. Incluso fuera del mundo fiscal, hay artículos que describen lo difícil que es trabajar 25 minutos sin distracciones hoy en día. (Pymes y Autónomos)
¿Por dónde empiezo?
Elige una regla de foco (ventanas de comunicación, canal principal o definición de urgencias) y aplícala 7 días. Luego mide: ¿cuántas tareas terminaste sin repaso?
Cómo ayuda FacturasApp a proteger el foco del despacho
- Define un canal claro y único para la facturación.
- Evita intercambios innecesarios (“te falta esto”, “mándamelo otra vez”).
- Reduce la necesidad de revisiones constantes al trabajar con información estructurada.
Cuando la entrada está ordenada, el despacho interrumpe menos… y el trabajo técnico puede hacerse con continuidad.
Comentarios
Publicar un comentario